No queríamos otra marca de perros. Queríamos representar una forma de vivir con ellos. Aram Rodríguez, cofundador de Alvite & co, sobre identidad, vínculo y por qué el sector necesita evolucionar más allá de la estética.
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Hay marcas que nacen de una idea. Otras nacen de detectar una oportunidad. Y luego están las que nacen de convivir con perros reales, todos los días, durante años. Esta es una de esas historias.
“No conectaba con ninguna marca”
¿Dónde empieza realmente Alvite & co?
Empieza en la peluquería canina. Ayudando a Noemí, viendo pasar perros cada día. Muchos perros. Y todos con lo mismo.
Las mismas marcas.
Los mismos arneses.
Los mismos proveedores.
En Canarias pasa algo muy concreto: la mayoría de tiendas trabajan con los mismos distribuidores. Y eso hace que todo se repita. A eso súmale lo que ves en redes: marcas nuevas constantemente, muchas sin envíos viables a las islas o con costes absurdos entre transporte e impuestos.
Y luego está lo más importante: el producto.
Mucho diseño, pero poca intención real.
Mucha estética, pero muy poco conocimiento detrás.
Se estaba tratando al perro como un accesorio más. Como algo que tiene que verse bien, sin entender si eso realmente funciona para él.
Y ahí es donde desconecté.
No conectaba con ninguna marca porque no representaban lo que yo veía cada día: perros con necesidades reales. Perros mayores. Perros con problemas. Perros que tiran. Perros con limitaciones.
Clientes que necesitan asesoramiento, no solo producto.
El error que casi nos convierte en una marca más
¿Tuvisteis claro desde el principio lo que queríais construir?
No. Y eso también hay que decirlo.
Al principio cometimos el mismo error que comete mucha gente: dejamos que el mercado nos influenciara demasiado. Sin darnos cuenta, estábamos haciendo algo que ya existía.
Otra marca más.
Y hubo un punto en el que me paré y pensé:
esto no es lo que quiero.
No quería construir algo genérico.
No quería hacer “otra marca bonita”.
No quería entrar en un molde que no representaba ni nuestra vida ni nuestra relación con los perros.
Ahí es donde cambia todo.
Perros reales, vida real
Tu relación con los perros no es reciente. ¿Cómo ha influido eso en la marca?
Totalmente.
Yo llevo toda la vida rodeado de perros. He trabajado en tiendas, he asesorado en conducta, en alimentación… y eso te da una perspectiva muy distinta.
Luego está Noemí.
Ella tiene más de 16 años como peluquera canina. Ha visto miles de perros. Tiene una clientela enorme. Y entiende algo que mucha gente pasa por alto: el equilibrio entre lo funcional y lo estético.
Entre los dos se genera algo interesante:
yo soy más técnico, más de necesidad, más de comportamiento.
Ella entiende al cliente, el gusto, la percepción.
Y en medio están los perros.
“Cada perro te enseña algo distinto”
¿Qué habéis aprendido realmente de convivir con tantos perros?
Que no hay uno igual a otro.
Hemos tenido perros con demencia, perros ciegos, perros con artrosis, perros con mucha energía… y eso te obliga a adaptarte.
Te enseña que sus necesidades cambian con el tiempo.
Que el vínculo evoluciona.
Que no todo es como tú quieres que sea.
Y sobre todo, te enseña algo importante:
que muchas veces intentamos adaptarlos a nosotros, en lugar de entenderlos a ellos.
Los humanizamos.
Intentamos que encajen en nuestras rutinas.
Incluso que cubran necesidades emocionales nuestras.
Pero un perro no está para eso.
Es familia, sí.
Es parte de tu vida, completamente.
Pero también tiene su propia naturaleza.
Y entender eso cambia todo.
El vacío del sector: entre lo técnico y lo superficial
¿Qué crees que está fallando en la industria actualmente?
Hay un vacío muy claro.
Por un lado, tienes productos técnicos, muchas veces fríos, poco conectados con el usuario.
Por otro, tienes diseño sin función. Productos pensados desde la estética, pero sin profundidad real.
Y en medio, el cliente.
Desinformado.
Sin herramientas para elegir bien.
Sin entender qué necesita su perro realmente.
Y eso es un problema.
Porque los accesorios no son decoración.
Son herramientas.
Deben aportar seguridad.
Comodidad.
Adaptación al perro.
“Si tú eliges bien tu calzado, ¿por qué no el de tu perro?”
¿Cómo se traduce esa filosofía en producto?
Muy simple.
Tú no usas el mismo calzado para todo.
No corres con unas zapatillas de vestir.
No haces montaña con unas suelas planas.
Entonces, ¿por qué hacerlo con tu perro?
Nosotros diseñamos desde ahí.
Desde la necesidad real.
Desde el uso.
Desde el contexto.
Pero también desde la identidad.
Porque no se trata solo de que funcione.
Se trata de que represente algo.
La crew: más que clientes
Hablas mucho de comunidad. ¿Qué significa realmente?
Que no es una marca para todo el mundo.
Y eso está bien.
La crew es gente que vive con sus perros. De verdad.
Que no los separa de su estilo de vida.
Que no quiere encasillarse.
Gente que sale a la montaña, pero también pisa ciudad.
Que viaja. Que se adapta. Que comparte.
No buscamos volumen.
Buscamos conexión.
El futuro: menos moda, más criterio
¿Hacia dónde crees que va la relación entre humanos y perros?
Tiene que evolucionar.
A nivel institucional, hacia una integración real.
A nivel personal, hacia más conciencia.
Menos decisiones por moda.
Más decisiones por conocimiento.
Entender mejor a los perros.
Adaptarnos más a ellos.
Evitar problemas antes de que aparezcan.
Porque al final, todo se resume en eso:
convivir mejor.
Hay algo que define esta conversación, pero no se dice explícitamente.
No va de arneses.
No va de diseño.
Ni siquiera va de marca.
Va de entender que vivir con un perro no es una estética.
Es una responsabilidad.
Y también, una forma de estar en el mundo.