ALVITE CREW | THE CREW
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BODO NO TIENE UNA RUTINA. TIENE UN MAPA.
Mikel & Bodo
Hay perros que acompañan una vida. Y hay perros que terminan cambiando la forma en la que esa vida se organiza.
Bodo corre, viaja, duerme en una tienda, sube a una furgo, entra en el agua y, sobre todo, forma parte de cada decisión que toma su familia.
Una vida con cuatro patas
Si hubiera que resumir la vida de Bodo en tres palabras, Mikel no necesita pensárselo demasiado:
“Pelota, mimos y furgo.”
Probablemente no haya una definición más precisa.
Porque Bodo no parece tener una actividad concreta.
Tiene una vida.
Un día puede estar corriendo por la montaña. Otro, sobre una tabla de paddle surf. Puede pasar la noche de camping o despertarse en una furgoneta en algún lugar distinto al de la semana anterior.
Y después volver a casa.
La aventura no es una excepción.
Es una parte más de su rutina.
Pero hay algo especialmente interesante en la historia de Mikel y Bodo.
No han construido una vida activa alrededor del perro.
Han construido una vida activa contando con él.
Y la diferencia importa.
La rutina también necesita movimiento
En casa existe una estructura.
Tres paseos diarios.
No se trata únicamente de salir a la calle.
Mikel habla de ellos como momentos para cubrir las necesidades de actividad física y mental de Bodo.
Porque un Border Collie activo no necesita únicamente kilómetros.
Necesita oportunidades para utilizar su cuerpo, pero también para explorar, procesar información y mantenerse equilibrado.
Fuera de casa, el escenario cambia completamente.
Durante una aventura pueden pasar 24 horas juntos.
Bodo está prácticamente siempre fuera con ellos.
Montaña.
Agua.
Senderos.
Viajes.
Camping.
Furgo.
La diferencia no está solamente en hacer más cosas.
Está en compartir más tiempo.
El perro también aprende el mundo
Una de las actividades que han tenido que adaptar ha sido el paddle surf.
Al principio era un descubrimiento para todos.
No existía un manual familiar.
Había que aprender.
Ellos.
Y Bodo.
La experiencia fue cambiando a medida que aumentaba la familiaridad y mejoraba el aprendizaje.
Y eso dice algo importante sobre convivir con un perro en actividades que no forman parte de su repertorio cotidiano:
no todo tiene que salir bien desde el primer día.
A veces hay que bajar la dificultad.
Observar.
Repetir.
Modificar.
Y dejar que el perro entienda qué está pasando.
Compartir una actividad no significa exigirle al perro que se adapte inmediatamente a nuestro plan.
Significa construir la actividad con él.
El descanso no siempre lo decide quien está cansado
Bodo es un perro muy activo.
Quizá demasiado, según quién tome la decisión.
Porque si dependiera de él, probablemente seguiría.
Mikel lo explica con naturalidad:
“Tenemos que marcar nosotros el descanso.”
Ahí aparece una de las responsabilidades menos visibles de convivir con un perro activo.
La motivación no siempre refleja la capacidad.
Un perro puede querer continuar y necesitar parar.
Puede seguir interesado en la actividad mientras su cuerpo empieza a acumular fatiga.
Por eso llevan agua y observan.
No buscan una cifra exacta.
Miran al perro.
Su comportamiento.
Su estado.
Su forma de moverse.
Y cuando toca parar, paran.
No porque Bodo lo haya pedido.
Porque ellos tienen que interpretar lo que él todavía no sabe gestionar por sí mismo.
Cuando el plan deja de ser el plan
Quizá una de las respuestas de Mikel define mejor la relación entre ambos.
Sus planes siempre incluyen a Bodo.
Pero eso no significa que Bodo tenga que adaptarse a cualquier plan.
Hay lugares donde saben que no está cómodo.
Y entonces ocurre algo muy sencillo.
Cambian ellos.
No esperan que Bodo aguante porque el plan ya estaba decidido.
Buscan otro lugar.
Cambian de actividad.
Modifican la ruta.
Porque disfrutar de una aventura no tiene demasiado sentido si uno de los miembros del equipo no está bien.
Es una idea sencilla.
Pero detrás hay una forma muy concreta de entender la convivencia:
el perro no es una variable que hay que resolver. Forma parte de la decisión.
La mochila de Bodo
Preparar una escapada también significa preparar su propia mochila.
Dependiendo de la actividad, llevan lo necesario:
- Comida.
- Juguetes.
- Premios.
- Arnés.
- Y todo aquello que pueda necesitar durante la actividad.
No hay una mochila universal.
Hay una mochila para cada plan.
Y eso también dice algo sobre la forma de vivir con un perro activo.
No se trata de llevarlo todo.
Se trata de entender qué necesita ese perro para esa situación concreta.
Una ruta de montaña no plantea exactamente las mismas necesidades que una jornada de paddle surf.
Un viaje de varios días tampoco es igual que una salida de unas horas.
La preparación empieza antes de salir.
Entender a un Border Collie
Mikel y su familia ya tenían experiencia con perros.
Pero Bodo les enseñó algo diferente.
A entender a un Border Collie.
No solamente a convivir con un perro.
A entender una raza con unas características concretas, una enorme capacidad de aprendizaje y unas necesidades que pueden ser diferentes a las de otros perros.
Y quizá ese sea uno de los aprendizajes más importantes que puede proporcionar la convivencia:
el perro concreto siempre termina siendo más interesante que la etiqueta de su raza.
Bodo tiene unas características propias.
Una forma determinada de relacionarse.
Una manera particular de aprender.
Un nivel de actividad.
Un carácter.
Y ellos han aprendido a leerlo.
Bodo también los ha aprendido a ellos
La relación no funciona en una sola dirección.
Mikel cuenta que Bodo es extremadamente inteligente y que ha aprendido a adaptarse a cada uno de ellos.
Incluso sabe quién le da más mimos.
Y quién le riñe más.
Puede parecer una anécdota.
Pero detrás hay algo mucho más interesante.
Los perros observan.
Aprenden patrones.
Anticipan comportamientos.
Distinguen personas.
Y ajustan su conducta a las experiencias que tienen con cada individuo.
La convivencia construye una especie de lenguaje propio.
No hace falta hablar.
Hay suficientes señales.
Una mirada.
Un gesto.
Una rutina.
Una persona que juega más.
Otra que pone límites.
Bodo aprende quién es quién.
Y ellos aprenden quién es Bodo.
Pirineos, viento y un palo
Hay una historia que resume perfectamente esta relación.
Un viaje a los Pirineos.
Una tienda de campaña.
Un refugio cerca.
Mucho viento.
Frío.
Las condiciones no eran precisamente las más cómodas.
Y Bodo tenía una opinión diferente sobre cómo debía terminar el día.
Prefería quedarse fuera jugando con un palo antes que entrar en calor.
Es una escena pequeña.
No necesita una gran montaña ni una fotografía espectacular.
Porque probablemente muchas de las historias que terminan definiendo una vida compartida con un perro sean así.
Un momento extraño.
Una noche incómoda.
Un viaje.
Un palo.
Una decisión que nadie esperaba.
Y una historia que años después sigue recordándose.
El punto de equilibrio
Si Mikel tuviera que quedarse con una sola idea para alguien que quiere empezar a compartir una vida más activa con su perro, no habla de material.
Ni de kilómetros.
Ni de rendimiento.
Dice:
“Lo más importante es encontrar el punto de equilibrio entre el humano y el animal.”
Quizá sea precisamente ahí donde empieza una buena vida compartida.
No en hacer más.
No en llegar más lejos.
No en tener el equipo más completo.
Sino en encontrar un ritmo que funcione para los dos.
Saber cuándo continuar.
Cuándo cambiar.
Cuándo descansar.
Cuándo modificar un plan.
Y cuándo simplemente sentarse juntos.
Porque una aventura compartida solo funciona cuando los dos pueden disfrutar de ella.
El punto de equilibrio
Si Mikel tuviera que quedarse con una sola idea para alguien que quiere empezar a compartir una vida más activa con su perro, no habla de material.
Ni de kilómetros.
Ni de rendimiento.
Dice:
“Lo más importante es encontrar el punto de equilibrio entre el humano y el animal.”
Quizá sea precisamente ahí donde empieza una buena vida compartida.
No en hacer más.
No en llegar más lejos.
No en tener el equipo más completo.
Sino en encontrar un ritmo que funcione para los dos.
Saber cuándo continuar.
Cuándo cambiar.
Cuándo descansar.
Cuándo modificar un plan.
Y cuándo simplemente sentarse juntos.
Porque una aventura compartida solo funciona cuando los dos pueden disfrutar de ella.
Bodo no tiene una rutina. Tiene un mapa.
Una casa.
Tres paseos.
Una furgo.
Una montaña.
Una tabla de paddle surf.
Un sendero.
Una tienda de campaña.
Un palo.
Y muchas decisiones que probablemente no estaban previstas.
Bodo no parece vivir una vida diseñada alrededor de una agenda.
Tiene un mapa.
Y su familia ha aprendido a moverse con él.
Quizá por eso la última respuesta de Mikel sea también la más sencilla.
Cuando le preguntamos qué significa Bodo para ellos, responde:
“Bodo para nosotros significa todo. No seríamos una familia sin él.”
No hace falta explicar mucho más.
Porque al final, detrás de todas las aventuras, los viajes, el trail, el agua y la montaña, hay algo mucho más sencillo.
No se trata de llevar a Bodo a todas partes.
Se trata de que Bodo forme parte de todas esas partes de su vida que quieren compartir.
THE CREW
Mikel & Bodo
Una vida activa no tiene por qué empezar con una gran aventura.
A veces empieza con una pelota.
Un paseo.
Una furgo.
Y un perro que, poco a poco, acaba cambiando el mapa entero.
Seguimos ahí fuera.
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