El perro deportista no come igual todo el año
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Un perro que entrena varias veces por semana no tiene las mismas necesidades que el mismo perro durante un periodo de descanso. Pero eso no significa simplemente llenar más el cuenco.
La disciplina, la intensidad, la duración del ejercicio, la condición corporal y la fase de entrenamiento cambian la ecuación. Y entenderla puede marcar la diferencia entre alimentar a un perro activo y alimentar realmente a un atleta.
El perro que corre hoy no es exactamente el mismo perro mañana
La carrera termina.
El perro vuelve a casa.
Bebe.
Come.
Duerme.
Desde fuera parece que todo ha terminado.
Fisiológicamente, no.
Durante el ejercicio sus músculos han utilizado energía, su temperatura corporal ha aumentado, su sistema cardiovascular ha trabajado y diferentes tejidos han soportado una carga que tendrá que ser reparada.
La recuperación comienza cuando termina el esfuerzo.
Y aquí aparece una idea que suele perderse cuando hablamos de alimentación:
la dieta de un perro deportista no debería diseñarse solamente pensando en el día de competición.
Debería diseñarse pensando en todo el ciclo.
Entrenamiento.
Carga.
Recuperación.
Descanso.
Nueva carga.
Competición.
Recuperación.
Es un sistema.
Y la alimentación es una de sus piezas.
No existe una única dieta para “perros deportistas”
Un perro que corre canicross durante 30 minutos no tiene exactamente las mismas demandas que un perro que participa en una prueba de mushing de varias horas.
Tampoco un perro de agility.
Ni un perro de detección.
Ni un perro de rescate.
Ni un Border Collie que acompaña a su guía durante una salida de montaña.
Todos pueden considerarse perros activos.
Pero metabólicamente están haciendo trabajos diferentes.
La literatura veterinaria sobre perros de trabajo insiste precisamente en esto: el tipo y la duración de la actividad modifican las necesidades nutricionales, especialmente las relacionadas con energía y macronutrientes.
Por eso la primera pregunta no debería ser:
“¿Cuál es el mejor alimento para un perro deportista?”
Debería ser:
“¿Qué trabajo está haciendo este perro?”
El combustible no es siempre el mismo
El organismo del perro utiliza diferentes fuentes de energía.
Y la proporción cambia según la intensidad y duración del ejercicio.
En esfuerzos prolongados, la capacidad del perro para utilizar grasa como fuente energética es especialmente relevante. Los perros presentan una elevada capacidad para oxidar grasa durante el ejercicio y las dietas con mayor densidad energética procedente de grasa han demostrado utilidad en determinados atletas de resistencia.
Pero aquí aparece una de las ideas que más nos interesa desmontar:
“Si el perro deportista necesita grasa, entonces cuanto más grasa, mejor.”
No.
La nutrición deportiva canina no funciona así.
La composición completa de la dieta importa.
También importa la proteína.
También importa la disponibilidad de energía.
También importa el estado corporal.
Y, dependiendo de la disciplina, la intensidad y la duración, el papel de los carbohidratos puede cambiar.
La fisiología de los perros atletas es bastante más interesante que una simple tabla de porcentajes.
La grasa: el gran combustible de la resistencia
En ejercicios prolongados, la grasa tiene una importancia especial.
Es una fuente energética muy concentrada y los perros tienen una capacidad notable para utilizar ácidos grasos durante el ejercicio.
Por eso los perros de resistencia, especialmente aquellos sometidos a esfuerzos prolongados, han sido tradicionalmente alimentados con dietas relativamente altas en grasa.
La investigación en perros de trineo ha demostrado además que sus necesidades energéticas pueden aumentar enormemente durante las carreras y que factores como distancia, terreno, carga y temperatura ambiental modifican considerablemente el gasto energético.
Pero hay un matiz fundamental.
Una dieta más energética no significa necesariamente una cantidad mayor de comida.
La densidad energética permite que el perro obtenga más energía con un volumen de alimento determinado.
Esto puede ser especialmente importante en perros con grandes demandas energéticas.
Porque llenar físicamente el estómago hasta alcanzar las calorías necesarias no siempre es una estrategia adecuada.
La proteína no está ahí solo para “hacer músculo”
Esta es otra simplificación habitual.
“Mi perro entrena → necesita proteína.”
Sí.
Pero el motivo es mucho más interesante.
La proteína aporta aminoácidos necesarios para mantener y reparar tejidos, entre ellos el músculo sometido a carga durante el ejercicio.
En perros de trabajo, el aumento de la actividad física modifica las necesidades de determinados nutrientes, incluida la proteína, para sostener la masa muscular y la reparación.
Pero más proteína no equivale automáticamente a mejor rendimiento.
Un estudio realizado en Greyhounds de competición comparó una dieta con mayor proporción energética procedente de proteína y menor de carbohidratos con otra moderada en proteína y observó que la primera no mejoró el rendimiento; de hecho, los perros fueron ligeramente más lentos en la prueba de 500 metros.
Es una buena demostración de por qué “más” no es una estrategia nutricional.
La pregunta correcta es:
¿Cuánta proteína necesita este perro para su carga de trabajo, su condición corporal y el resto de su dieta?
¿Y los carbohidratos?
Aquí la conversación se vuelve especialmente interesante.
Durante años se ha trasladado al perro parte del lenguaje utilizado en nutrición deportiva humana.
Carbohidratos.
Carga de glucógeno.
Energía rápida.
Pero la fisiología canina tiene particularidades.
Los perros pueden producir glucosa mediante procesos metabólicos internos y no tienen el mismo requerimiento dietético de carbohidratos que los humanos.
Además, las necesidades dependen mucho del tipo de ejercicio.
En perros de resistencia, las dietas altas en grasa han mostrado beneficios en determinadas condiciones.
Pero investigaciones más recientes también han mostrado que el metabolismo de perros de trineo durante el ejercicio puede seguir siendo fuertemente dependiente de la glucosa, incluso cuando consumen dietas donde la grasa proporciona una gran parte de la energía.
Y estudios en perros de trabajo sometidos a ejercicio prolongado muestran que reducir los carbohidratos hasta niveles extremadamente bajos modifica la glucemia y la actividad, pero no permite concluir que una dieta ultrabaja en carbohidratos sea universalmente superior.
Por eso conviene alejarse de las guerras de:
“grasa sí / carbohidratos no”
o
“más proteína siempre”.
La fisiología es mucho menos cómoda.
Y bastante más interesante.
Entonces, ¿qué cambia durante una temporada?
Imaginemos un perro que practica canicross.
Durante varios meses realiza dos o tres sesiones semanales.
Corre.
Descansa.
Vuelve a correr.
Su alimentación debe cubrir sus necesidades energéticas y nutricionales manteniendo una condición corporal adecuada.
Llega la temporada de competición.
Aumentan las sesiones.
Quizá aparecen entrenamientos de mayor intensidad.
Algunas semanas incorporan más volumen.
El gasto energético cambia.
Y la alimentación puede necesitar adaptarse.
No necesariamente cambiando de alimento de un día para otro.
Puede ser tan sencillo —o tan complejo— como ajustar la cantidad total, revisar la densidad energética y controlar la condición corporal.
La nutrición deportiva canina debe valorarse en función de la carga de trabajo y no mediante una fórmula única aplicada a todos los perros.
La báscula no es suficiente
Aquí aparece otra variable que muchos cuidadores pasan por alto.
Peso no es lo mismo que condición corporal.
Un perro puede mantener exactamente el mismo peso y estar perdiendo masa muscular.
O puede aumentar de peso mientras mantiene una apariencia aparentemente atlética.
Por eso en un perro deportista conviene observar regularmente:
peso corporal.
condición corporal.
masa muscular.
rendimiento.
recuperación.
apetito.
calidad de las heces.
nivel de actividad.
El alimento puede ser excelente y aun así estar mal ajustado para ese individuo.
Porque la nutrición deportiva no termina en la etiqueta del saco.
Empieza con el perro que tenemos delante.
¿Y qué ocurre cuando llega el descanso?
Aquí está probablemente la parte más olvidada.
Termina la temporada.
Bajan los entrenamientos.
Desaparecen las competiciones.
El perro sigue comiendo exactamente lo mismo.
Y poco a poco aparece una pequeña diferencia.
El gasto energético disminuye.
Pero la ingesta permanece.
Resultado:
el perro empieza a acumular energía que ya no necesita.
En un perro de alto rendimiento, mantener durante el descanso una alimentación diseñada para una fase de máxima carga puede favorecer un aumento excesivo de condición corporal.
Y el exceso de peso no es inocente.
Aumenta la carga mecánica sobre las articulaciones.
Modifica la eficiencia del movimiento.
Puede dificultar el ejercicio.
Y prepara al perro para comenzar la siguiente temporada desde una posición peor.
Por eso el periodo de descanso también forma parte de la planificación.
Descansar no significa comer igual
Esto no significa que todos los perros deban recibir menos comida automáticamente cuando dejan de entrenar.
Significa que la ingesta energética debe corresponderse con el gasto energético real.
Un perro que pasa de correr cinco días a la semana a realizar únicamente paseos tranquilos no está viviendo la misma demanda fisiológica.
Pero hay otra razón para no hacer cambios bruscos.
El sistema digestivo también necesita estabilidad.
Cambiar repentinamente de alimento, modificar drásticamente las cantidades o introducir suplementos sin planificación puede provocar problemas gastrointestinales.
La transición debería ser gradual y cualquier modificación importante debería valorarse individualmente, especialmente en perros con enfermedades, bajo peso, sobrepeso o antecedentes digestivos.
La competición empieza antes de la línea de salida
Una carrera no empieza cuando el cronómetro se pone en marcha.
Empieza mucho antes.
Con semanas de entrenamiento.
Con adaptación fisiológica.
Con descanso.
Y con una dieta que permita sostener ese proceso.
Por eso tampoco tiene demasiado sentido intentar “alimentar la competición” únicamente el día anterior.
La nutrición deportiva funciona sobre todo como una estrategia acumulativa.
El cuerpo necesita llegar a la prueba con una condición corporal adecuada, reservas energéticas suficientes, masa muscular mantenida y un aparato digestivo que tolere bien la dieta habitual.
La competición no debería ser el momento de experimentar.
Nunca es buen día para estrenar un alimento, un suplemento o una estrategia nutricional.
Y después de competir empieza otra carrera
El perro termina.
La respiración se normaliza.
La temperatura empieza a descender.
Vuelve a beber.
Descansa.
Pero el organismo continúa trabajando.
La recuperación muscular requiere energía y nutrientes.
Los tejidos necesitan reparación.
Las reservas energéticas deben reponerse.
Y la recuperación de una sesión intensa puede condicionar la siguiente.
En perros de trabajo, la recuperación y la nutrición deben considerarse dentro del ciclo completo de rendimiento, no como una intervención aislada después del ejercicio.
Por eso una buena estrategia no termina con:
“Ya ha corrido. Ahora que coma.”
La pregunta es:
“¿Qué necesita para estar preparado para volver a hacerlo?”
Hidratación: mucho más que llevar agua
En un perro deportista, el agua no es un accesorio.
Es parte de la fisiología del rendimiento.
Los perros pierden calor principalmente mediante el jadeo, y la deshidratación puede comprometer tanto la capacidad de disipar calor como el bienestar durante el trabajo.
Los perros de trabajo pueden incluso mantener la actividad a pesar de señales fisiológicas de necesidad de beber, especialmente cuando están muy motivados por la tarea.
Por eso la responsabilidad no debería recaer completamente sobre el perro.
El humano debe planificar las oportunidades de hidratación.
Especialmente durante calor, ejercicio prolongado o actividades intensas.
Y tampoco conviene convertir las soluciones de electrolitos en una moda.
Su uso no debería extrapolarse automáticamente a cualquier perro que salga a correr.
Agua.
Acceso adecuado.
Pausas.
Control de temperatura.
Y una estrategia adaptada al ejercicio.
La sofisticación no siempre significa añadir productos.
El perro senior deportista es otra historia
Aquí aparece una diferencia que suele desaparecer en las conversaciones sobre rendimiento.
Un perro de diez años que todavía corre no debería ser tratado nutricionalmente como un perro de tres años simplemente porque “sigue estando en forma”.
El envejecimiento modifica composición corporal, metabolismo, masa muscular y tolerancia al ejercicio.
Y además pueden aparecer enfermedades que obliguen a adaptar la dieta.
Por eso en perros senior activos la pregunta debe ser doble:
¿Qué necesita para seguir rindiendo?
y
¿qué necesita para proteger su salud mientras lo hace?
La respuesta puede ser muy diferente en un perro sano de ocho años que en uno de once con enfermedad renal, osteoartritis o pérdida de masa muscular.
La edad no determina por sí sola la dieta.
Pero sí cambia el contexto.
El error más frecuente: copiar la dieta de otro atleta
Quizá sea el error más comprensible.
Ves a un perro de competición.
Está en una condición física espectacular.
Su cuidador explica qué alimento utiliza.
Y piensas:
“Eso es lo que necesita mi perro.”
No necesariamente.
Dos perros pueden pesar lo mismo y tener gastos energéticos radicalmente diferentes.
Uno puede correr una hora por montaña.
Otro puede hacer intervalos explosivos.
Otro puede trabajar durante seis horas a baja intensidad.
Otro puede entrenar tres días por semana.
Genética, metabolismo, edad, composición corporal, temperatura ambiental, terreno, intensidad y duración modifican las necesidades.
La dieta de un atleta no debería copiarse.
Debería construirse alrededor del atleta.
Qué debería vigilar quien entrena con su perro
No hace falta convertir cada comida en una hoja de cálculo.
Pero sí observar tendencias.
Antes de la temporada
Revisar condición corporal.
Valorar masa muscular.
Comprobar que la dieta sea completa y equilibrada.
Establecer una base de peso y condición.
Durante el entrenamiento
Observar rendimiento.
Recuperación.
Apetito.
Peso.
Heces.
Tolerancia digestiva.
Y adaptar la ingesta si cambia de forma sostenida la carga de trabajo.
Durante competición
No experimentar.
Mantener una estrategia previamente tolerada.
Planificar hidratación.
Controlar temperatura y recuperación.
Durante el descanso
Reevaluar las necesidades energéticas.
Mantener una condición corporal saludable.
No mantener automáticamente la misma ingesta de una fase de máxima carga.
La verdadera dieta de un perro atleta no está escrita en una bolsa
Puede que esta sea la conclusión más importante.
No existe un alimento mágico para convertir a un perro en atleta.
Tampoco existe una proporción universal de grasa, proteína y carbohidratos que funcione igual para todos.
La evidencia veterinaria disponible muestra que los perros atletas tienen necesidades específicas, pero también que esas necesidades dependen profundamente de la disciplina y de la carga de trabajo.
La alimentación correcta es la que permite al perro:
mantener una condición corporal adecuada,
sostener su trabajo,
recuperarse,
preservar masa muscular,
mantener una buena salud digestiva,
y llegar al siguiente entrenamiento en condiciones de volver a trabajar.
Eso es rendimiento.
No conseguir que coma más.
El atleta empieza mucho antes de competir
Un perro deportista no se construye el día de la carrera.
Se construye durante meses.
Entrena.
Descansa.
Come.
Recupera.
Vuelve a entrenar.
Y cada una de esas fases deja una pequeña huella sobre la siguiente.
Por eso quizá deberíamos dejar de pensar en la alimentación como algo que ocurre tres veces al día.
En un perro atleta, la alimentación forma parte del entrenamiento.
Y el descanso también.
Porque cuando baja la intensidad de la temporada no desaparece el objetivo.
Simplemente cambia.
Ya no se trata de correr más.
Se trata de estar preparado para volver a correr.
FIELD NOTE
Observa al atleta que tienes delante
Durante las próximas semanas, no cambies nada.
Simplemente observa.
Anota su peso.
Su condición corporal.
La duración y frecuencia de sus entrenamientos.
Cómo recupera.
Cómo come.
Cómo son sus heces.
Y cómo cambia todo ello cuando aumenta o disminuye la carga.
No necesitas convertirte en nutricionista.
Solo empezar a mirar el rendimiento como un sistema.
Porque el mejor dato nutricional no siempre está en la etiqueta. A veces está en el perro.
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Empieza mucho antes.
En FEEL FOR DOGS exploramos la fisiología, la ciencia y la vida real detrás de los perros que hacen más.
FEEL FOR DOGS · DOG SPORT
Entender al atleta para acompañarlo mejor.
FUENTES DE REFERENCIA
● Zoran, D. L. — Nutrition of Working Dogs: Feeding for Optimal Performance and Health. Veterinary Clinics of North America: Small Animal Practice.
● Wakshlag & Shmalberg — Nutrition for working and service dogs. Veterinary Clinics of North America.
● Davis — Glucocentric Metabolism in Ultra-Endurance Sled Dogs. Integrative and Comparative Biology.
● Gal et al. — Less is more? Ultra-low carbohydrate diet and working dogs’ performance. PLOS ONE.
● Estudios sobre requerimientos energéticos en perros de trineo de resistencia.
Nota: este artículo tiene carácter divulgativo. Las necesidades nutricionales de un perro deportista deben individualizarse según edad, estado sanitario, condición corporal, disciplina, intensidad, duración del ejercicio y carga de entrenamiento. En perros que compiten o realizan ejercicio de alta exigencia, cualquier modificación importante de la dieta debería realizarse con asesoramiento veterinario, idealmente especializado en nutrición o medicina deportiva.